YA NO SOY
GUAPA
Ya no soy guapa.
Hace un par de años que noto como el paso del tiempo ha dejado una huella imperceptible para los que me rodean pero implacable cada vez que me miro al espejo.
Mi cuerpo ha cambiado, mis ojos y mis labios.
Y no solo mi físico es diferente.
Ahora siento las experiencias de una forma completamente diferente.
Me rio en circunstancias que antes me asustaban y no tengo claro que el cinismo que estoy desarrollando sea un punto positivo en mi nueva forma de vivir.
Sonrío para mis adentros cada vez que un sentimiento me duele.
Hay una versión de mi misma escondida en mi interior que se burla de los problemas que atormentan mi día a día,
Morir sola, vivir sola, la soledad.
Que ridículo y egoísta es sentirse tan egocéntrico como para darle semejante importancia al silencio.
Hasta hace bien poco me caía realmente mal, pero últimamente me estoy pillando el punto.
Supongo que como todos, en el fondo y a base de estar mucho a nuestro lado conseguimos soportarnos.
Creo que si tengo que definir mi vida en este momento lo haría entre risas burlonas, pues todo lo que puede salir mal va saliendo mal y al mismo tiempo nada sale mal.
Lo importante, los pilares, son robustos y cada vez menos y más fuertes. El resto de la estructura se derrumba, cae y vuelve a levantarse.
Me pregunto si mi madre le daría tantas vueltas a su vida cuando tenia mi edad. Al fin y al cabo todo es cíclico.
Cómo podía yo esperar vivir una vida sentimental sencilla, cuando a mi señora madre la ponían a vestir santos a sus treinta y tantos.
Mantendré la esperanza de que, al igual que le ocurrió a ella, un día de lluvia aparezca ese abrazo que tanto necesito, ese que no te suelta y te sostiene cuando flaqueas.
Y vuelvo a sonreír para mis adentros, mi miniyo interior se vuelve a burlar de mí.
Tan fuerte, valiente e independiente. Tan moderna y atrevida. Soñando con lo que todos sueñan. Añorando lo que, tantas que envidian lo que yo tengo, si que tienen.
Qué risa.
Ya no soy guapa.
Hace un par de años que noto como el paso del tiempo ha dejado una huella imperceptible para los que me rodean pero implacable cada vez que me miro al espejo.
Mi cuerpo ha cambiado, mis ojos y mis labios.
Y no solo mi físico es diferente.
Ahora siento las experiencias de una forma completamente diferente.
Me rio en circunstancias que antes me asustaban y no tengo claro que el cinismo que estoy desarrollando sea un punto positivo en mi nueva forma de vivir.
Sonrío para mis adentros cada vez que un sentimiento me duele.
Hay una versión de mi misma escondida en mi interior que se burla de los problemas que atormentan mi día a día,
Morir sola, vivir sola, la soledad.
Que ridículo y egoísta es sentirse tan egocéntrico como para darle semejante importancia al silencio.
Hasta hace bien poco me caía realmente mal, pero últimamente me estoy pillando el punto.
Supongo que como todos, en el fondo y a base de estar mucho a nuestro lado conseguimos soportarnos.
Creo que si tengo que definir mi vida en este momento lo haría entre risas burlonas, pues todo lo que puede salir mal va saliendo mal y al mismo tiempo nada sale mal.
Lo importante, los pilares, son robustos y cada vez menos y más fuertes. El resto de la estructura se derrumba, cae y vuelve a levantarse.
Me pregunto si mi madre le daría tantas vueltas a su vida cuando tenia mi edad. Al fin y al cabo todo es cíclico.
Cómo podía yo esperar vivir una vida sentimental sencilla, cuando a mi señora madre la ponían a vestir santos a sus treinta y tantos.
Mantendré la esperanza de que, al igual que le ocurrió a ella, un día de lluvia aparezca ese abrazo que tanto necesito, ese que no te suelta y te sostiene cuando flaqueas.
Y vuelvo a sonreír para mis adentros, mi miniyo interior se vuelve a burlar de mí.
Tan fuerte, valiente e independiente. Tan moderna y atrevida. Soñando con lo que todos sueñan. Añorando lo que, tantas que envidian lo que yo tengo, si que tienen.
Qué risa.
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